domingo, 20 de julio de 2008
Doblegado
Mi cuerpo asume otra fisura, otra caída sin bendiciones, otro recorrido sin posibilidades, otro sueño con tormenta añadida. Hay una nueva muesca en la espalda: la mente intenta huir, pero no puede. Lamento que las agonías se repitan, pero no puedo hacer otra cosa. Siguen los golpes. Cada vez es mayor el sentimiento de soledad. Me han disparado a quemarropa, y me he quedado medio vivo y medio muerto. El equipo contabiliza uno menos: se ha producido una nueva baja. No sé qué ha pasado. El sueño de la razón ha lamido la inmoralidad y ha generado repetidamente el monstruo de la muerte. No alcanzo a entender lo que ha sucedido. La victoria no es posible, y lo sé, pero tampoco logro acomodarme a tanta sangre como me rodea. Hoy todo me gusta un poco menos: entiendo que la herida se tapará, pero, entretanto, la sangre mana a borbotones, con histeria, con gravedad. Una amiga de 25 años ha parado su reloj: el destino ha golpeado su cronos. El triunfo del dolor ha arremetido contra todos, contra mí el primero, y me doblego como un trapo. Hoy el coronel no querría escribir.
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