Te atiendo con el corazón en un puño, con la vitalidad que provocaste en mí. Entiendo que eres el punto crucial en una existencia que halló en tu persona todo lo que tiene un cierto interés. Me has relevado, y ahora no sé qué hacer.
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Te tengo en cuenta, pero las heridas que me has provocado no me permiten ver las cosas de la manera apetecida.
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Te mando millones de besos que me devuelven al mundo que pensé que existía cuando era un niño. Espero que dure esta realidad.
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Te sugiero apetencias que podremos compartir. Debemos permitir que vuelen la imaginación y los sentimientos.
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