Recojo las espinas que me marcaron durante demasiado tiempo. Vuelvo con el dolor que todavía me rodea y que me abre las carnes como si todo tuviera un cierto sentido, y puede que lo tenga.
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Me jacto de un conocimiento que no es real. Te creía cerca y estás a años luz. Me siento perplejo, y, fundamentalmente, me quejo de estar solo, de nuevo solo.
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Me has comprometido para luego decirme que no. Vas de despedidas, y así te deberías sentir. No te referiré más.
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