Voy deprisa, y cayendo, y niego lo mínimo y lo máximo. La pregunta que no formulo es inevitable: ¿Qué me queda? Nada es.
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Colocamos las trampas para otros, pero caemos nosotros. Las verdades nos ofuscan en la mitad de un camino que nos sorprende. Versificamos la vida, y ésta se calla.
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Venimos por el mismo lugar, y por el mismo sitio negamos las inclemencias de un destino que nos convierte en rebeldes anónimos.
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Sí es hoy que no, y basta. Quizá.
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