Te descubro y me sé solo, más en la soledad que nunca, rodeado, preso, rodado como una piedra, sin posibilidad de escape. Pese a todo, busco una salida.
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Me escribes una verdad, y te respondo que no. Me inventas una ilusión, y me provocas con su rotura. Me dices que será, y yo ya sé que mientes. Esto es un círculo imparable, y no advierto la viabilidad.
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Soy el nuevo destrozado, el que viene con el corazón roto, con la misa a medio empezar, con la solución humeante. Soy yo, pero ya no me reconoces. Me dictas una nueva desazón.
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Te cuento y me callo: no estoy para hablarte mucho. Hemos disimulado la hermosura, y nos detenemos en el canto de la miseria para ver si tenemos otra causa por la que perder. Seguro que aparecerá.
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