sábado, 30 de abril de 2011

Acolchemos la realidad con la comunicación

Venzamos esos reflejos comunicativos que nos impiden ver el bosque animado de la pasión y del conocimiento a partes iguales. No mantengamos un exceso de prisa que nos detenga antes de tiempo. La pasión ha de ser dosificada para que no nos falte. La virtud y el equilibrio casan bien.

Los escenarios en los que nos movemos han de animar el instante más estimulante, más sereno, ése en el que nos mostramos como somos en pos de una excelencia sincera, singular, con la fórmula de la ingenuidad, que es la que nos hace aprender. Los espectáculos nos dejarán un tanto a la deriva, pero, incluso en esos momentos, hemos de procurar aprender.

Los adelantos a las conclusiones deben permitir captar adeptos con los que cruzar el río de la vida con más afán de conocer. Dejemos a un lado lo que nos recuerda fracasos, y quedémonos con los éxitos como empujes firmes hacia el otro lado existencial. Crezcamos sin obviar la necesidad de apoyarnos los unos a los otros. Las mejores causas son las que nos envían al unísono en busca del riesgo moderado y suavizado con pugnas de fábula.

No desgastemos las premisas con las que nos debemos dar el regalo de unos aspectos que consideraremos como favoritos para que nada falle, sobre todo en la mecánica de los resortes que admiramos como fundamentales. Escuchemos en lo incierto, en lo que nos aclama con lo bueno y con lo mejor. Incluyamos lo que nos cambia pausadamente en las etapas que nos presentan tal y como lo que somos. Las penurias han de ser superadas con sabores de hechizos halagüeños. Festejemos lo poco o lo mucho que albergamos.

La felicidad tiene que ver con la comunicación que hacemos desde el mejor punto de salida, por las mejores sendas, con instantes para el sosiego y la reparación de las fuerzas y de los ánimos, que han de ser más eficaces con protecciones diarias. Nos hemos de poner en marcha con la habilidad de quien no espera nada a cambio. Nos hemos de fugar de lo que nos daña y afrontar, paralelamente, la existencia con las eternas voluntades de modificar lo que no ofrece la suficiente altura de miras.

No molestemos, ni sirvamos de correa de transmisión para los que fastidian. Acolchemos lo malo y soseguemos lo bueno con la esperanza de un buen día, que seguro que, en comunicación y en lo demás, será mañana. Creamos. La alegría de vivir se expande con esa perspectiva de la realidad.

Juan TOMÁS FRUTOS.

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