La promesa del jardín
El jardín es esta tarde
especialmente bonito.
Me encanta.
Me siento feliz en él.
Es sin duda, por la temperatura,
por sus árboles y arbustos,
por su fuente inacabable,
por su imperfección infinita.
Veo a niños y mayores jugando,
reposando, divirtiéndose,
en silencio, en calma,
de un lado para otro,
parados, leyendo,
en todo tipo de actividades
y de actitudes cotidianas.
Es mi jardín,
el del barrio, sí,
pero un poco mío también.
Siempre me he colado
por estos lares de infancia,
de sabores inocentes,
de paseos con calor y frío,
de esperanza, de emoción.
Es el de siempre,
pero también soberbio
y más que excepcional.
Me apego más a él,
o ella,
que seguro que tiene ambos sexos.
Es el jardín de esta tarde,
de todas las tardes,
en ti, en mí, increíble.
Todo tiene más sentido.
Deambulo:
lo advierto así,
sin compromisos, con ternura,
en precisa entrega.
Es mi verdad de ahora,
y lo es por ti,
por esta compañía
que propone dimensiones
de realeza y lealtad.
Oteo con calma,
con naturalidad, subido
de tono y de ritmo.
Aquí y ahora no quiero,
ni deseo,
ver otra cosa
salvo a ti,
mi jardín más prometedor.
Juan T.

No hay comentarios:
Publicar un comentario