Vivos
Jugamos al día
con paciencia y sueños
desde los albores de una etapa
que aguardamos con suerte
y un poco de docencia.
Nos apremiamos con afán,
pero también con una cierta sordera.
Aupamos los deberes,
que se irán haciendo
como sea menester,
como sea posible, desde la verdad.
Desmenuzamos el entretenimiento
con lo sencillo, con lo nimio,
con la imponencia de lo inasequible.
Valoramos cuanto poseemos.
Conversamos con el corazón.
Todo tenemos:
poco precisamos a estas alturas.
Jugamos, sí,
una y otra vez, con ternura,
y advertimos que nada es más importante,
pues, sin recovecos, sin asperezas,
nos sentimos vivos.
Juan T.

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