domingo, 2 de agosto de 2026

LA MAÑANA

 La mañana


Hay mañanas
en las que te levantas
sin respuestas,
y te sientes más perdido
que nunca.

Hay mañanas, sí,
en las que, sin estarlo,
te hallas solo.

Caes sin levantarte,
mueres sin vivir,
y te diluyes sin estar.

Es una, digo,
de esas mañanas raras,
tontas, calladas, solitarias,
sin voluntad, sin testigos.

Te encumbras a la nada:
sigo en una de esas mañanas
en las que no reaccionas.

No hay seguridad.
Siempre lo sabes,
pero más en la mañana
a la que aludo,
que me despeña sin subir
a montaña alguna.

No recomienzas, o sí,
te trastocas, desciendes
a los infiernos.
Es dura la mañana.

Te preguntas por sabores,
por intuiciones, por confianzas,
pero llega,
aparece de repente,
una desazón que corroe,
y te puede.
Esa mañana te achica.

Lo malo es que te dejas
y acabas vencido
antes de comparecer
en la campaña del día.

El refugio se diluyó.
Te falta el agua de la alegría.
Miras el día con cansancio.
Te ha derrumbado
en una cola interminable
del no encuentro.

No hay nada.
Es verdad que no te arrepientes
de lo sucedido,
tampoco de las omisiones,
pero te sabes equivocado.

Lo único que te conforta
es que pasará,
quizá como otras veces,
pero intuyendo que un día,
cada vez más cerca,
esa mañana trágicamente
se quedará.

Juan T.

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