martes, 19 de enero de 2010

Los vecinos utilizan la comunicación

Partamos del hecho de que en la vida nada se hace en solitario, al menos nada de valor continuado. La concepción comunitaria y grupal es la base sólida de que ocurran las cosas y de que se mantengan con el paso del tiempo. En todo proceso o actividad hay elementos o circunstancias que contribuyen más que otras a que éste se produzca verdaderamente. La comunicación es un proceso que equivale a determinadas posturas, tendencias, actitudes, comportamientos, deseos, resultados, intenciones, realidades y pretensiones… Es verdad: tiene muchos vectores, muchas maneras de comprenderla, de aprehenderla, de interpretarla. No obstante, hay una visión que siempre es correcta: la comunicación es igual a cercanía, a llaneza, a proximidad, a empatía, a simpatía y a ilusión por lo que ocurre en nuestro entorno, que lo es más, más entorno, más ecosistema, gracias a los procesos de intercambio de datos y/o de información.

La comunicación es una cuestión de vecindad, de tenerla, de perseguirla, de fomentarla, de sustentarla. No se puede pretender que haya una clara y buena comunicación si no interpretamos al vecino, si no lo vemos como tal, si no lo tratamos en ese sentido, con plenos deseos de que nos entienda, de entenderlo igualmente, de brindarle la pasión por nuestras cosas, de entusiasmarnos por las suyas.

Comunicación es divisar los gestos, es saber lo que se quiere manifestar con el lenguaje no verbal, es otear la cara de los otros y decirle un sí a la comprensión, o un sí, cuando menos, a que intentamos saber lo que se nos quiere subrayar. La vida es un eterno ciclo de objetivos en los fines e intentos de caminar con los demás, que son -no pensemos otra cosa- tan aptos como nosotros para hacer ese itinerario que nos regala experiencia que hemos de perseguir en positivo.

No podemos hablar de vecinos, si no los conocemos, si no hablamos con ellos, si no sabemos de sus conquistas y fracasos, si no sabemos de sus aspiraciones, de sus tareas, si no somos capaces de dialogar sobre lo que son y lo que piensan. Los italianos utilizan el mismo vocablo para aludir a sus vecinos y a los que están cerca, juntos, próximos. Ahí reside la diferencia respecto a los conocidos, que no están tan unidos, no lo están intelectual y espiritualmente.

Por lo tanto, un símil que nos vale, que nos puede ser útil, para analizar y validar, y hasta para comprobar si se da la auténtica comunicación, es el de vecindad, que es toda una relación pro-activa (o así hay que contemplarla) entre iguales, con independencia de las circunstancias de cada cual. Comunicar, pues, es ser vecinos, es establecer lazos de amistad duradera, de camaradería, de vecindad para lo que haga falta (ya sea un poco de sal, que también es vida, o un poco de conversación, que justifica todo). Movamos, en consecuencia, el dial de nuestras interpretaciones y hagamos que capte un amplio espectro de significados, entre los cuales no puede faltar el de vecino, el de cercanía, porque, sin esa proximidad, la comunicación es fría, esto es, menor, o, sencillamente, no se da. Lejos de querer dar axiomas absolutos, tengamos presente que la cercanía ayuda en todo, quizá más en la comunicación. Sí. Los que se llaman y consideran vecinos en sentido pleno utilizan el diálogo, la conversación y el compromiso en el hablar.

Juan TOMÁS FRUTOS.

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