martes, 20 de abril de 2010

Buena opinión, buen trato

El comportamiento nos define como personas, con nuestros talentos, con el riesgo que imprimimos al quehacer diario, con la voluntad de aprender y de ser con y para los demás. La solidaridad es la base de todo sistema que se precie. Lo reiteramos con el colorido que siempre acompaña a los buenos actos. Intentemos cada día dar con las raíces de un esfuerzo que nos ha de propiciar algunos aspectos alados con los que viajar hacia las raíces más densas y educativas. Formemos opinión con un trozo de amistad que ha de expandirse hacia el universo de lo que nos confía su mejor trato. No olvidemos esos espacios en los que hemos de abanderar las mejorías más firmes. Iremos para dar con los dones de una Naturaleza que no ha de ser hostil.

La licitud del aprendizaje se basa en la realeza de las empatías con las que viajamos hacia esa levedad que nos propone ansias de libertad. Estamos listos para cuanto sea menester, que lo es. Hemos amoldado las señales a los regalos de una relación que ha de ser fuerte, mucho más con el transcurrir de esa etapa ideal que nos ha tocado vivir.

Las comunicaciones nos han de permitir unas comuniones de raigambre densa y de fortaleza. Vayamos hacia ese lado en el que aprendemos a comprender sin esperar nada a cambio. Procuremos que no falte conocer a quienes menos tienen y disfrutan. Hemos de señalizar las vías de convenciones supremas. Vayamos paso a paso contando lo que nos sorprende con sus preferencias más dichosas. Hagamos caso a lo que nos es dado con un aviso supremo. Nos hemos de dar toda la alegría que seamos capaces de fomentar.

Dialoguemos, pongamos en la mesa toda esa estimación que nos viene de la experiencia propia, colectiva y compartida con quienes nos aprecian de verdad. No desfallezcamos. Hemos de poner todo el anhelo y todas las mejores intenciones en un desconocido trance del que hemos de salir maravillosamente. Nos confiamos unas preferencias que se han de resumir en nosotros mismos, juntos. Debemos comparecer con mucha querencia. No acabemos la labor que ha de ser constante, sempiterna, definida por el mismo fluir de la comunicación.

Nos tenemos, y eso debería darnos la suficiente fe para mover las montañas más altas y complejas. No debemos quedarnos atrás. Hemos de proponernos esa empatía que nos disponga con hermosuras de primaveras que se repetirán. No dudamos porque la actitud nos reserva ya esos “lapsus” con los que perder y recuperar la memoria. Hemos de quedarnos con los mejores recuerdos. No permitamos que no sea lo que no podrá ser. La vida no es tan difícil, ni tampoco tan fácil como nos puedan “vender” a primera vista. Seamos en un nuevo intento, y en otro, y en otro, hasta que podamos entregarnos aquello que precisamos para ser nosotros mismos. La vida es lo que conseguimos entre todos, en labor solidaria, con estimaciones comunicativas siempre compartidas. El trato tiene ida y vuelta, como el respeto, como la voluntad infinita de convencernos con y entre los demás. Seamos firmes en esta convicción.

Juan TOMÁS FRUTOS.

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