miércoles, 21 de abril de 2010

Fantasías y realidades comunicativas

Nos hemos de sugerir realidades comunicativas en movimientos que nos han de conducir por fantasías que nos saquen de alineaciones sorprendentes. Seamos sensatos y utilicemos la lógica. Señalemos hacia dónde nos queremos dirigir, y procuremos que haya unos mínimos que cumplimentemos cada día. Aguardemos en la entrega comunicativa en la que cosechamos, o podemos, unas amistades que hemos de perseguir con una recia factura que nos llevará hasta el escenario donde aprenderemos de todo. Hemos seguido la secuencia de unas amistades que hemos de hacer un poco más profundas, mientras nos dedicamos a formular unos aspectos con los que convivimos de la mejor manera posible. Hemos de aprender de todo lo que ocurre, de lo que hacemos, de lo que declinamos realizar, de lo que nos podría fomentar una victoria con premisas llenas de una cierta amistad con la que nos hemos de agarrar a lo que es aventura con premisas sucintas.

Nos hemos de proponer valentías con las que nos arreglaremos en los instantes que consideramos un poco más tiernos y deseosos de posibilidades entregadas a las valentías relacionadas con lo que aconteció y fomentadas con superaciones de los afectos más templados. El equilibrio puede ser una premisa, pero hemos de asirnos a los exponentes de altibajos con la idea de poder superar las barreras que nos incluyen en referencias menos detectables. Hagamos caso a lo que se desarrolla con una fantasía reiterada.

Prefiramos las aventuras que nos parecieron piadosas en cuanto llegamos a la salida que nos alentó a dirigirnos a una meta desconocida, sabiendo previamente del fracaso. No podemos quedarnos donde nada es lo que parece. Hemos de insistir en los quehaceres que nos mejoran con trayectorias de preferencias singulares que nos han de aportar un poco de más arroz en una dirección que nos dará ese entusiasmo que consideremos suficiente para no fallar. Las cualidades nos han de arropar con esas verdades que lo son con el transcurrir de ciertas etapas que nos acercan a los puros pasatiempos con los que nos dedicamos a aumentar las causas con las que nos afirmamos en ciertos pensamientos.

No escondamos las dudas con las que traspasamos el destino que nos presenta los intereses más dispares. Nos hemos preferido desde el primer momento. Es así. Hemos dado con ciertas comodidades que no siempre nos sacan esos números que necesitamos para dar con las puntuaciones y las dianas que nos podrían considerar con los mejores efectos. Hemos supuesto dudas que ahora nos prefieren de la mejor manera. Llegamos a tocar ese círculo que se rodea de otros y que a menudo confundimos con otros resplandores y espejismos. No todo lo que vemos es, ni tampoco es lo que advertimos visualmente en todo momento.

Suponemos que los niveles han de rozar unos mínimos para acercarnos a las profundidades con las que nos movemos de cabo a rabo, acompañadas con unas presunciones colmadas de inocencias que nos han de preferir de la mejor manera. Podemos desarrollar muchos deseos. Rescatamos esos números que únicamente aparecieron como cifras cuando las objetividades fluctuaron sin dar con las soluciones específicas. Hagamos todo lo que podamos para acercarnos a la paz de las noches y a los días de templanza a través de ese valor que da el sentir con claridad que estamos con la honestidad comunicativa. Procuremos movernos entre unos mínimos y unos máximos con el fin de que no se escapen las oportunidades que ha de brindar todo proceso interactivo. La sensatez es un síntoma de madurez, y también lo es que no nos perdamos en pequeños enredos, a menudo accesorios entre lo que podría ser una diestra y sabia categoría.

Juan TOMÁS FRUTOS.

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