Llego: no te veo. Sé que te encuentras en alguna parte, y no disimulo mi cariño por ti. Preciso de tu presencia inquieta, de las maravillas de una razón que produce deseos y paridades con voluntades y entendimientos. Te quiero desmesuradamente. Aguanto mis impulsos, y me acerco hasta ti en unos instantes sin remordimientos.
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Te persigo con inclinaciones y astutos deseos de una paz que me maravilla. Te resumo mi placer y aguanto el temporal con fines superlativos. Estoy a tu vera y te comprendo con las hojas en blanco de una vida que me sabe a ti.
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Te echo de menos cada segundo que no sé de ti. Soy exagerado, pero así es mi amor.
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