Abrázame, que me haces falta, que preciso tu calor, y no me digas lo que piensas, y no me llenes de temor.
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Te has ido, y ahora me pregunto qué puedo hacer. No quiero dar lástima.
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Trato de protegerme de las heladas y de las desidias que me rodean. No te aclaro nada, pero tú a mí tampoco.
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Tomamos un respiro, que puede ser el primero y el último con unas fórmulas de cortesía. Eso, como sabemos, no va, no funciona.
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