Somos amigos de la verdad, pero nos falta el salto hacia esa coherencia que nos invite a ser importantes entre las gentes que nos rodean. Jugaremos a saltar, a vivir, a poder, a convencernos de unas opciones que nos dirán hacia dónde podemos ir. Viajamos y estamos en lo alto de una verdad que nos afirmará como personas, si previamente nos vemos como tales: no lo olvidemos.
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No llores, que no merece la pena, que el amor que nos convence está con la Luna llena. No llores, mi niña, que te afea, y a mí me doblegas con esa actitud que me puede y estropea. Mírame con tu sonrisa, y dime que eres mi sirena.
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Me has convencido de que eres mi amor; y yo me he convertido en un pequeño dios en ese habitáculo que compartimos con el viento y con la marea, con la virtud y con el deseo de ser más felices.
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No vuelvo, y no te digo, y no soy, y no me acomplejo. Puedo con todo, y me entrego a intenciones que son pacíficas. Hemos comprendido que la verdad tiene un interés y que nos acompaña en este destino universal de sentimientos completos. Te admiro mucho.
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Vuelvo en tu búsqueda y te hallo: ya sé dónde estoy. Mereces todos mis halagos. Lamento que las palabras no te descubran como eres.
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