miércoles, 13 de agosto de 2008
Pensamientos titulados ante los cuadros de Paco
-Me ves, y te veo. Esto es un juego de miradas, como la vida misma. Las dotes de observación existen y, a veces, también vemos. -Uno, dos, uno. La Naturaleza nos ha unido. Estamos absolutamente compenetrados. Nos acercamos, nos tocamos, nos unimos y nos emparentamos. Somos uno: de nuevo lo somos. Es la despedida, como fue la llegada. Ha pasado el tiempo y nada sé. Todo se rompe en mi interior, pero sigue tenue y dura esa estampa que el Destino intenta disolver. Duele. Me mareo. Te espero: sé que volverás. -¿Por qué yo? “Ya no está, ya no estoy, ya no lo veo. La soledad inunda mi cuerpo, que se aprieta contra sí mismo y solo toca la soledad extrema del ser humano agotado, mientras espera la nada, quizá con un poco de esperanza, no mucha”. -Mirando los años. Las manos, como los ojos, son el todo. Muestran el paso de los años, las fatigas, los desconciertos, los desgarros, el frío, el exceso de calor, la soledad, la falta de energías, la plenitud, si es el caso… Las miro y me veo reflejado, casi como en un espejo. -Satisfacción. Hoy me he dado cuenta. He tenido una vida plena y quiero celebrarlo. -En busca de una señal. “Cada mañana, espero que del cielo venga tu señal. Seré un niño hasta que así sea”. -Inerme. “Mientras el mundo gira como loco con su ceguera, el hambre devora las entrañas de lo humano, a punto de estallar. Los jinetes apocalípticos cabalgan, y yo no oso mirar”. -Bajo el símbolo de la derrota. Soy un ángel caído, derrotado. Creo que lo estaba de antemano. Me lleno de tristeza y no acierto a verte, a sentirte, a convocarte. Llevo las señales de la tristeza provocada por lo humano, por la carestía, por ese mar de sensaciones robadas, por ese corazón partido y franqueable. -En las últimas. Miro el plato mientras termino de vaciarlo. El concepto de lo efímero se hace presente en este ahora donde hasta los sueños dudan. -El Hombre-Árbol. Soy ese hombre que, como el árbol, se extingue. Soy ese árbol que, como el hombre, se detiene. Soy ese hombre que, como el árbol, muere contaminado. Soy ese árbol que, como el hombre, no entiende, y por eso estamos en vías de extinción. Lloro ante la soledad de este planeta cada vez menos azul.
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