Hoy estoy solo, más solo que nunca, y nadie me entiende. No me comprenden porque no hablan mi lengua, porque no tienen mi piel, porque no tienen unos padres condenados a la esclavitud mental y profesional, porque no han tenido que huir. Hoy, que acierto a conocer donde estoy, lo que soy, lo que es el mundo, estoy solo, más solo que nunca, y me pasa como a ellos: no entiendo lo que hago ni lo que me acontece. El desencuentro, más que lingüístico, es intelectual.
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Me llamas la atención y te sigo con esa mirada que nunca se extinguirá.
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