lunes, 7 de julio de 2008
Al otro lado
Sueñas con un nuevo “mundo”, y pintas la pared del destierro. Te escudas entre cuatro maderas para no ver, para que no te vean. Saltas la valla de las prudencias para meterte en otra dimensión, quizá más grata. Cierras los ojos para soñar en otra existencia y apaciguas ésta, haciéndola más bondadosa. Nos miramos, nos damos, nos ofrecemos, jugamos con las palomas, y volvemos a tropezar, para luego salir adelante. Es la vida. Te detienes en un cuadro, en un escaparate, en un aviso; y logras que todo tenga un sentido mayor. Estamos: estamos bien. La prevención es un arma con filo desgastado: tú propones tus manos como inflexión y como encuentro. Navegas sin velas, y te aprestas a cambiar el humor de las gentes, que nacen contigo, sobre ti, con mil ilusiones. Encuentras un propósito y lo haces tuyo. Somos entre salvaciones que nos disponen con querencias y sin distingos. Escribes en el suelo buscando la idea de grupo, y, sin saberlo, la promocionas. Estás en un tránsito hacia todas las partes del universo, abierto a ti por millones de ventanas. Redactas una carta sin destino ni remitente, y muchos serán los que la cojan incluso sin saberlo. Te protegeré como si fueras un ave en vías de extinción; y allí me encontrarás, al otro lado de la madriguera, siguiendo al conejo de la chistera, existiendo, siendo, como tú.
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