lunes, 7 de julio de 2008
En vela
Te veo durmiendo y me quedo “embobado”. No acierto a entender cómo nos hemos encontrado. ¡Menuda suerte! El mundo está lleno de personas, pero dar con alguien como tú es como buscar una aguja en un pajar. Estoy tan cerca de ti que no imagino que pueda existir otra relación tan particularmente buena. Es un gozo este encuentro de pensamientos emparentados, casi paralelos, independientemente sabrosos. Me quedo mirándote, y juego a pensar en tus sueños. ¡Seguro que son los mismos! Hemos hallado el punto equilibrado, de perfección absoluta. Estamos en la cima de la montaña que nos propone estar y ser más personas. En este instante te estudio detenidamente y me gusta lo que observo. Recorro toda tu frente y llego por ambos lados de tu cara al mentón. Doy vueltas en círculo por las cavidades de tus ojos, y los imagino abiertos, con ese brillo tan excelente. Me apego a tus labios, y siento un bullicio interno. El mundo parece haberse detenido. Ya no hay un reloj. ¡Realmente me encanta verte descansar! Has aportado tanto a mi vida que no soy capaz de entenderla sin ti. Ya no. Es curioso: en tan poco tiempo me has dado algo inimaginable. Estamos en un tono maravilloso y con una pauta plena. La sensatez se está basando en el corazón, ahora entregado al tuyo. Has llegado sin avisar, y prefiero el silencio para disfrutarte más, como ahora, mientras duermes. Querida, sigue así, que yo te velo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario