jueves, 10 de julio de 2008
Escribo para ti
A menudo me preguntas para quién escribo, y yo siempre me respondo que lo importante sería contestar el para qué. Uno se levanta todos los días con determinados intereses, que normalmente en su sustancia se repiten, se reiteran como la pura necesidad de aire o de beber o de comer cualquier cosa. Somos seres vivos sencillos, quizá demasiado. En todo caso, hay cuestiones que no solemos resolver de una manera pacífica, facilona, a la primera. Lo normal es que pasen años sin que muchas de nuestras actuaciones o de los pensamientos que nos sustentan lleguen al plano del entendimiento. Uno hace o deshace, u omite, una pléyade de actividades en función de intereses más o menos superficiales, soterrados, explicados o pendientes de analizar. Somos seguramente tan simples que en muchas ocasiones nos damos unas justificaciones en las que jamás pensamos a la hora de afrontar un reto o de desarrollar nuestras existencias cotidianas. Lo que sí tengo muy claro es que escribir de una manera constante se tercia como una especie de terapia, de protocolo de supervivencia, de testimonio de que uno está vivo, de que siente y padece, y de que puede surcar las mayores tempestades en este océano llamado Tierra. Aparte de esto, que es así, te digo que la otra premisa meridianamente diáfana es que escribo por ti, para ti, sin formulismos, para que nos entendamos, con absoluta sencillez.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario