I.-El encuentro de los medios de comunicación y la inmigración: planteamientos de partida y de llegada
Acercarnos al mundo de los inmigrantes no es fácil, seguramente porque es tremendamente conocido, y, al tiempo, aunque suene a paradójico, más que ignorado y olvidado. Son muchos los vectores de influencia, las cartas que podemos poner sobre la mesa, si bien las perspectivas varían, y eso seguramente produce contemplaciones diferentes, a menudo opuestas y, en ocasiones, controvertidas.
Por eso y por más cuestiones que iremos esbozando a continuación nos hemos animado a hacer una serie de meditaciones y de consideraciones. Este breve documento pretende ser un análisis general, y, como verán, bastante personalizado de los factores, de los elementos, de las características y de los condicionantes más destacados en la relación dada entre la inmigración y los medios de comunicación. Como sabemos, se trata de una simbiosis difícil, compleja, a menudo complicada, con aristas, pero, igualmente, con luces y experiencias de mucha bondad.
Las conclusiones que podamos manifestar no son, ni mucho menos, como diría un jurista, pacíficas, esto es, seguro que hay muchos flecos que podríamos manifestar, siempre bajo una perspectiva de altas dosis subjetivas. Hay multitud de interpretaciones ante una realidad variopinta en su origen y en su apreciación. La complejidad del proceso inmigratorio y del fenómeno social de la inmigración produce constantes y variadas noticias y opiniones que se brindan a través de la prensa, de la radio, de la televisión y, por supuesto, de Internet.
Conocemos que la influencia de los medios de comunicación de masas, también llamados de comunicación social, es poderosa, e interviene, a menudo decisivamente, en la educación emotiva y sentimental del público. No obstante, a menudo conviene que reflexionemos sobre lo que nos rodea cotidianamente. Son muchos los momentos que podemos captar de la inmigración, muchos en los que podemos aportar nuestro grano de arena, muchos en los que podemos referir lo que pensamos, procurando una mejoría sustancial. Es cuestión de salir de las inercias que hasta ahora nos vencen. Las monedas tienen dos caras (posiblemente más) y hemos de observarlas en su totalidad.
Diversos críticos y expertos juzgan a los medios de comunicación por el importante papel que juegan en la construcción de la realidad social diaria del inmigrante. Las empresas periodísticas, si no ordenan todo, sí muestran una jerarquía, unos procesos, un acontecer cotidiano conforme a unas premisas, normas o axiomas. Esta reconstrucción de la realidad suele señalar la identidad y la diferencia entre la población autóctona y el mundo inmigrante. Uno de los mayores perjuicios que recibe, y que sufre incluso, la población inmigrante es la creación de mitos y de estereotipos por parte de algunos medios de comunicación. Las leyendas surgen de la misma sociedad, de los rumores que genera y consiente, y los “media” hacen de altavoces de lo que tiene lugar en los rincones físicos y psíquicos. Ante ellos, inevitables, debemos reaccionar y, cuando menos, complementar el espacio informativo con más visiones. Parece obvio.
Algunos estudiosos manifiestan que la imagen que tenemos de los inmigrantes puede ser el resultado de una selección y de una organización previa de la información por parte de los medios de comunicación. Si hacemos un análisis somero, nos damos cuenta que, a lo largo del 2004, algo que también sucede en el 2005, en el 2006 y en el 2007, la información referida a inmigración se ha centrado principalmente en tres puntos:
-El terrorismo internacional y las actuaciones o consecuencias que tienen relación con esta lacra. Los tópicos están presentes aquí, como en otros supuestos de la vida cotidiana. Hay que intentar evitarlos o, por lo menos, mitigarlos.
-El aumento de la delincuencia o de las actuaciones delictivas. Parece a priori que mostramos que hay una causa-efecto. Es peligroso hacer generalizaciones, que nunca brindan el verdadero rostro de lo que acontece.
-Y el incremento de la población extranjera en España. A veces incluso “atosigamos” con este tipo de noticias. Damos la impresión de que vienen en avalancha y que no hay espacio para convivir entre todos. Sobre esto podemos reflexionar más adelante, y lo haremos, aún a riesgo de reiterar pensamientos e ideas.
Recurramos a la teoría y a la práctica. Uno de los grandes expertos en este asunto, el profesor Teun van Dijk, que es una auténtica divisa a tener en cuenta en materia de inmigración, aborda desde diversos ángulos la relación entre medios de comunicación e inmigración. Es éste un tema que aborda en numerosos libros y artículos. Son muchos los perfiles, como nos dice, que podemos atender y entender, si hacemos el suficiente esfuerzo, eso sí. Este profesor de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, indica que en los criterios de una buena prensa deben aparecer siempre las cuestiones de defensa de la democracia y de los intereses de la gente, y no sólo las que hacen referencia o tienen que ver con los intereses de los propietarios de los medios masivos. Sabemos bien que, en caso de divergencias, triunfan los fines del capital, pero entre todos debemos luchar para que se produzcan situaciones intermedias. En la moderación, en el equilibrio, recordemos siempre, está la virtud. El conocimiento pasa por aproximaciones.
Para este reputado analista, parte de la Prensa en Europa suele presentar a los inmigrantes como delincuentes, como invasores, como un problema fundamental, pero nunca estos medios, afirma, han evaluado el aporte a la economía y a la cultura. Si lo hacen, las informaciones aparecen en lugares menos visibles, menos privilegiados, menos elocuentes, y con una textura y una extensión menos deseables.
Es la eterna lucha entre los que dominan y los marginados, que acaban aceptando situaciones mucho menos ventajosas o privilegiadas. Los medios, como correa de transmisión de la sociedad más poderosa, muestran una realidad, en ocasiones sesgada, de lo que es el proceso inmigratorio. La perspectiva negativa de la inmigración a través de las empresas periodísticas se da no solo en Europa: ocurre igual en los Estados Unidos y en las naciones que llamamos avanzadas, si bien hallamos muchas gamas y muy diversas coyunturas.
Aunque según el profesor, las noticias de los “añadidos buenos” de la inmigración no venden y las metáforas negativas que repetidamente se publican sobre droga, racismo, violencia, etc., forman estereotipos mentales, no hacen otra cosa que reforzar la exclusión y el abuso de poder, en vez de ayudar a comprender la sociedad y el mundo en que vivimos. Casi parece una locura la poca reflexión que rodea este mundo, tan próximo, tan enriquecedor para todos. Es verdad que hay ejemplos, numerosos ellos, contrarios a cuanto decimos, pero llamemos la atención sobre estas actuaciones por corrosivas y sangrantes para la sociedad al completo.
Deberíamos soñar con una panorámica, si no idílica, sí aleccionadora. Es posible que lo que mostremos en los medios sea un poco más decoroso, más liberalizador, sí más riguroso, desde los objetivos de la equidad y la compensación de imágenes que signifiquen una cierta corrección de las malas estampas que podamos ofrecer en un cierto momento, que las brindamos. Pensemos en más modelos positivos frente a la coyuntura conflictiva que constituye ese serial de noticias que emitimos día tras día.
La integración como tarea primordial
Insistiendo en esto que referimos, digamos que los medios de comunicación, sobre todo los locales, tienen un papel positivo en materia de integración de inmigrantes. Deben mostrar lo mejor de cuanto ocurre en contraposición a ese sinfín de noticias que dan cuenta de cuestiones en sí malas. Han de tener una labor más bondadosa. Este quehacer les viene dado por su condición de servicio público a toda la sociedad, algo que conviene reiterar. Es, igualmente, un rol por imperativo de la Ley. No cabe duda de que, en la actualidad, los inmigrantes han tomado un notable protagonismo económico, político y social no sólo en España sino en toda Europa, e incluso en todo lo que podríamos llamar el “Primer Mundo” (por cierto, una denominación que alude a un Estado supuestamente del bienestar, y que a mí personalmente no me gusta nada).
Este hecho produce que constantemente esté abierto el debate social sobre los procesos migratorios. Políticos, economistas, sindicatos y Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) dan su particular visión en los medios de comunicación de la situación que representa la inmigración en España. Este panorama se da aderezado de perspectivas de todo género, que no siempre contribuyen, seguramente por saturación, a dar un conocimiento de conjunto sobre la inmigración y sus protagonistas. Recordemos ese axioma que dice que, cuando bombardeamos constante y repetidamente con unos determinados contenidos, generamos el efecto contrario de distanciamiento de los mismos.
El problema reside en que conocidos personajes públicos del mundo de la política, el cine, la música o el deporte miden mal sus palabras y pueden provocar fuertes conflictos sociales en la ciudadanía. Se han de concienciar, y hemos de ayudarles a que maduren esa nueva mentalidad que aquí defendemos. La población menor inmigrante es quien más daño puede sufrir por estas tensiones sociales. Por ello la prensa debe erradicar ser el origen del prejuicio y de la creación de cualquier actitud discriminatoria, xenófoba y racista. Al menos debe intentar corregir cualquier elemento “distorsionador” de la realidad. Aquí esa teoría cierta de que la Prensa es un espejo de la sociedad debe mitigarse algún punto. El “callejón del gato” que a menudo presentamos ha de mudarse en una imagen más amable, por el bien de todos.
Además, algunos expertos subrayan que la tradición colonialista de muchos países de Europa Occidental ha dejado una huella indeleble en el interior de una parte importante de la población, y por ello a algunos medios no les importa encarnar esos sentimientos. El propio Teun van Dijk cita a dos diarios ingleses de gran popularidad como The Sun o el Daily Mirror como responsables de verdaderas campañas contra los inmigrantes y los refugiados de la India, Pakistán o Sri Lanka. También indica que varios periódicos holandeses señalan con carácter genérico a los tamiles como narcotraficantes o delincuentes.
Por otro lado, la barrera del idioma es uno de los principales “handicaps” que se encuentran los inmigrantes, sobre todo los musulmanes y aquellos que provienen del Este de Europa, a su llegada a España. En nuestro país, que también es suyo, los inmigrantes suelen leer revistas de o para ellos y, entre los diarios, leen sobre todo los gratuitos. En este aspecto, la comunidad hispanoamericana, que no tiene la barrera del idioma, es una gran usuaria de prensa, de revistas y del medio “radio”. En Madrid, por ejemplo, existen algunos semanarios y publicaciones dirigidas a colectivos de diversas procedencias. Es, sin embargo, Barcelona la ciudad española que acoge más publicaciones para inmigrantes: dos periódicos paquistaníes, cuatro publicaciones latinoamericanas, dos chinas, una africana y una intercultural.
Cada día, vemos en los informativos de la televisión como cientos de africanos buscan pasar el estrecho en patera para conseguir una mejor vida bajo el paraguas casi ficticio de un sueño al que han llamado España. Igual situación reflejan los cientos de sudamericanos que cruzan el “charco” para llegar a la mal llamada tierra prometida. Los medios, por desgracia, contribuyen muy mucho a generar ese espejismo, esa imagen distorsionada de la realidad que nada soluciona respecto de los problemas de origen de los inmigrantes y que impulsa mucha desilusión cuando llegan aquí y advierten cuál ha de ser su vida cotidiana.
A mayor abundamiento, partimos de la falacia de que “una imagen vale más que mil palabras”. Lo gráfico, no olvidemos, también puede ser engañoso. Hay otro refrán que indica que “nada es verdad ni es mentira: todo depende del cristal con que se mira”. El caso de los inmigrantes no es una excepción: es una situación, la suya, compleja, con muchos lados, con multitud de influencias y de vectores que condicionan la realidad misma. Los medios, en este campo, como en otros, no son inocuos, y toman partido por los más influyentes, por los que manejan el sistema político, económico y social.
Los medios de comunicación también se han hecho eco de la constante llegada en los últimos años de población procedente del Este de Europa, y no siempre trasladan esa realidad de la mejor manera posible. No obstante, diversos medios informativos también mantienen una línea de respeto y de acercamiento a la población inmigrante abordando su forma de vivir, su cultura o sus tradiciones desde distintos espacios televisivos, radiofónicos o de prensa dedicados exclusivamente a ellos.
Algunos ejemplos son la emisión de un informativo con presentadores de distintas razas o etnias en una cadena autonómica, o igualmente en TVE, o un espacio radiofónico dirigido exclusivamente al mundo musulmán dentro de una radio regional. No damos nombres porque estos casos afortunadamente proliferan y queremos ser exquisitos a la hora de reconocer un trabajo general de las empresas periodísticas sin excluir a nadie.
Los medios “pensados” para inmigrantes comienzan a ser un negocio, pero también son un fenómeno sociológico y cultural. Conviene que los veamos en el doble sentido. Además, cumplen, o han de cumplir, una misión social. Gracias a los medios creados y dirigidos a los inmigrantes, estos “desplazados” mantienen contactos con sus lugares de origen, se informan de lo que allí pasa y también de todas las iniciativas e informaciones que les afectan directamente.
Emisiones televisivas para los inmigrantes
La comunidad latina ya cuenta en España con algunos canales televisivos propios donde se recogen noticias, música y programas dirigidos al mundo hispanoamericano. Son muchos, cada vez más. Por otro lado, los inmigrantes consumen más televisión local que el resto de la población. Esto debemos tenerlo presente a efectos de consumo, de publicidad y de influencia mediática.
Sin embargo, a pesar del papel fundamental que desempeñan, los medios para inmigrantes también deben profesionalizarse, tanto en recursos humanos, como en prácticas y capital, para no quedar excluidos del sistema, algo poco favorable para la convivencia entre originarios y emigrados. Es claro que deben estar a la altura de su audiencia y del respeto que nos deben infundir. Lentamente, pero sin pausa, deben ir adquiriendo más medios materiales, más recursos económicos y unos más preparados recursos humanos para desempeñar su vocación de servicio público.
Según un informe del Estudio General de Medios, el menú informativo de los inmigrantes está compuesto por la televisión en un 85 %, las revistas en un 50 %, la radio en un 47 %, y la prensa en un 34 %. En cierta medida, reproducen el mismo esquema de otros sectores que viven en situación de minorías marginadas.
Las ondas de las grandes ciudades españolas están llenas de acentos sudamericanos, magrebíes y de voces del Este. Además de sus propias radios, la población extranjera también escucha las emisoras convencionales, sobre todo cuando ya dominan el idioma local. En este sentido, las grandes cadenas de radio ofrecen diariamente, dentro de sus programaciones, emisiones que son claras apuestas por ganarse a la audiencia que ha llegado en los últimos años a nuestro país, con una decidida y amplia preferencia por la difusión de música y de contenidos que tienen que ver con la cultura hispanoamericana.
Sin duda, los medios propios ayudan, pero habría que marcar una serie de pasos a seguir para contribuir a una mejor convivencia no sólo entre inmigrantes y la población que podríamos denominar autóctona, sino también entre las diversas culturas inmigrantes que aquí se desenvuelven cotidianamente. Para ello, es necesario buscar la objetividad en todos los discursos periodísticos, lo cual estamos convencidos de que repercutirá positivamente en las creencias y en los comportamientos de los ciudadanos.
El papel “vertebrador” de los medios informativos es clave. Nadie lo discute, o nadie debe hacerlo. De manera paralela contribuyen a un mayor conocimiento de las distintas culturales nacionales y extranjeras. Este rol hay que destacarlo, y, si es el caso, reivindicarlo, al objeto de dignificar sus cometidos y de calibrar la importancia de cuanto hacen bien o mal. Las administraciones públicas y los organismos sociales han de contribuir con su ayuda a tales objetivos.
Internet, herramienta de presente y de futuro
Otro de los medios de comunicación que aparece con más fuerza en los últimos años es Internet. Las noticias, las imágenes o los comentarios sobre inmigración recorren las redes a gran velocidad. Ocurre en todos los ámbitos, y éste no podía ser una excepción. Sin duda, son las opiniones vertidas en foros o en debates a través de Internet los principales creadores de rumores que perjudican seriamente a la población inmigrante. Además, Internet ofrece cabida a todo tipo de ideologías con una diversidad de páginas Web que vierten información sin ningún tipo de comprobación, de contraste o de “contextualización”. Aquí deberíamos ser más generosos con nosotros mismos, con las sociedades en las que estamos, y deberíamos gestar, en paralelo, una conciencia más crítica sobre el papel y los objetivos de los nuevos medios.
Pese a ello, y quizá como contrapartida, a través de Internet la comunidad inmigrante también tiene sitio para defenderse de las críticas, probablemente en mayor medida que en la radio, en la televisión o en la prensa. Más del 34 % de los extranjeros usan Internet, aunque más como medio de comunicación personal con sus familias y con allegados en sus países de origen que como instrumento informativo o de contenidos. Recordemos que la comunicación mediante los “chats” es mucho más rápida, y, fundamentalmente, más económica que los clásicos teléfonos. Las nuevas tecnologías ayudan, en tiempo y en dinero, más de lo que pensamos. La necesidad y la convergencia técnica son unos recursos imprescindibles para este tipo de comunicaciones que marcan un distingo fundamental de las relaciones de los inmigrantes respecto de lo que ocurría hace unos pocos años.
Otro experto en esta cuestión, Antonio Bañón, afirma que Internet supone para la inmigración un recurso para la comunicación horizontal y la difusión de los discursos de reivindicación, de compromiso y de discriminación. Para este profesor, la intención ideológica de las noticias e informaciones de algunos medios pueden recibir el calificativo de medios de la industria de la conciencia. En este sentido se puede interpretar que este medio basado en las Nuevas Tecnologías de la Información es capaz de otorgar una mayor libertad de pensamiento y de expresión.
En todo caso, parece que lo problemático por el momento es su extensión: no todo el mundo tiene ordenador, ni conocimientos para su uso, ni el dinero suficiente para pagar las oportunas conexiones. Un problema añadido es quién controla las opiniones que se vierten mediante este medio, y, fundamentalmente, la cuestión es quién controla su veracidad. No hay a menudo posibilidad de contraste, al menos no en tiempo y forma.
Digamos no al conflicto y a la polémica
Durante el 2005 se ha vuelto a reavivar el fuego de la polémica. La controversia ha continuado, igualmente, en el 2006. La nueva ley de regularización de los inmigrantes ha producido malestar en algunos sectores de la sociedad española. Por otro lado, los últimos reportajes realizados por cadenas privadas de televisión sobre la rivalidad y el comportamiento de bandas latinas existentes en las principales ciudades de España han vuelto a salpicar de valores negativos la imagen de la población latinoamericana. Palizas, robos, asesinatos, uso constante de pistolas o navajas dentro de estas bandas ensucian la visión del verdadero inmigrante, que, mayoritariamente, es silencioso y organiza su vida con bastante sacrificio. La vida cotidiana, seguramente, aburre a los medios informativos.
Sin embargo, desde otras televisiones, como TVE, en aras de su persecución del servicio público, se evitan las difusiones repetitivas de noticias de asesinatos, de robos o de violaciones llevadas a cabo por inmigrantes de origen musulmán o latinoamericano. Desde esta televisión pública, sobre todo por la Segunda Cadena, por la Dos, se apuesta por dar a conocer en pequeños programas o mediante reportajes la historia, la vida, las costumbres o las creencias de los pueblos de los que proceden los inmigrantes. La última “apuesta” es el programa “América en España”.
Es más que evidente que los medios de comunicación del Estado y de las autonomías hacen una firme apuesta por defender a los inmigrantes, por dar una imagen más positiva de éstos, y por corregir las distorsiones que el sistema de medios en general va consintiendo. Su objetivo de concienciación y su afán vertebrador adquiere aquí tintes excepcionales.
Sobre los programas mencionados de especial dedicación a los foráneos, debemos decir que no son los únicos casos que hallamos en la Corporación RTVE. También a través de Radio Nacional de España y de su programa la Tierra Prometida se aborda la inmigración como un fenómeno multicultural, haciendo mención a las costumbres, a las tradiciones o a las dificultades de integración. De este modo se consigue un mutuo conocimiento y un mayor respeto. Ambas cosas son relevantes.
Por el momento, las grandes necesidades informativas de los extranjeros crecen a mayor ritmo que las de los españoles. Precisan más información útil, más datos para integrarse en la comunidad española, con todas sus variables y distingos también, sobre todo para aquellos que pretenden echar raíces y asentarse en el país de acogida, que es el nuestro, que es el suyo igualmente.
Sin duda, los medios de comunicación deben plantearse su papel como instrumentos de sensibilización en la propuesta de la convivencia, esto es, como medios de integración y de socialización. Como servicios públicos que son, deben propiciar un clima de concordia y de reconocimiento. Los puentes que se tracen, siempre buscando alternativas, supondrán un convencimiento inequívoco de que la adaptación y la complementación son el camino certero para la convivencia pacífica, edificante y constructora de una mejor y más dichosa realidad. No olvidemos que, para numerosas capas de la población, las dos terceras partes de la información que reciben es a través de la televisión. La influencia de este medio es tremenda, y por ello su autocontrol, su decencia, su apuesta decidida por la educación y la cultura no han de tener agujeros.
Finalmente, hay que recordar que hace más de 20 años que la UNESCO proclamó la Declaración sobre los Principios Fundamentales relativos a la Contribución de los Medios de Comunicación de Masas al Fortalecimiento de la Paz y de la Comprensión Internacional, a la promoción de los derechos humanos y a la lucha contra el racismo, el apartheid y la incitación a la guerra. Lo reiteramos para que se cumpla, para que sea verdad lo que destaca este texto normativo, para que no se quede en literatura barata que nadie respeta.
En pocas palabras, se defendió, como hoy debemos defender a través de los medios de comunicación y de toda la sociedad, el hacer oír la voz de los pueblos oprimidos, para que no lo estén, para que se hallen en el mismo régimen de igualdad que las mayorías, y para que nadie esté en situación de marginación o en peligro de extinción; y no solo nos referimos a la protección de la integridad física, sino también a la intelectual, sino también a la cultural.
El deseo es unánime, según parece: la realidad efectiva también debe serlo. La partida es de todos, y el buen juego nos pertenece a la sociedad al completo. No olvidemos que el Destino nos divisa imparcialmente. En cuestiones tan fundamentales, no podemos fallar.
II.-Reflexiones en torno a la realidad de la inmigración y de los ciudadanos del mundo
Con la experiencia diaria en distintos medios de comunicación, y como ciudadanos ocupados y preocupados por los asuntos sociales, son también numerosas y variadas las consideraciones que podemos hacer sobre la inmigración y sus dolientes protagonistas. Son muchas las situaciones, coyunturales o estructurales, a las que nos enfrentamos cada día. De ellas hemos de sacar una sana experiencia a través de meditaciones o conclusiones de vida. Algunas de ellas bien podrían ser las siguientes:
-La inmigración es, ante todo, un asunto de minorías que podemos tildar de pobres, de rastas, de aquellos que son, definitivamente, los últimos. Es claro que no llamamos inmigrante al que tiene dinero y capacidad de administrar recursos de toda índole, no denominamos inmigrante al que tiene autoridad económica, intelectual o moral incluso, sino al que no posee nada, aunque todos seamos un poco, o un mucho, inmigrantes. Este distingo es poderosamente injusto.
-El asunto de la inmigración nos debe involucrar a todos: todos debemos volcarnos en él. La coyuntura de los extranjeros no nos debe ser ajena, pues, antes o después, el porvenir nos puede llevar a situaciones inesperadas o especialmente duras, como puede ser el que tengamos que desplazarnos más allá de las fronteras de nuestra supuesta nación. El fenómeno de la inmigración nos compete a todos. Podemos encararlo con más destreza y bondad. Seguro.
-Hemos de luchar contra la marginalidad. Si la toleramos, somos, esencialmente, injustos; y, además, discriminadores en un contexto que ha de apuntar hacia lo global, nunca hacia lo “reduccionista”.
-Acotemos bien los conceptos, como hemos dicho más arriba. No nos equivoquemos ni en el camino, ni en la ciencia, ni en las apreciaciones y/o resultados. Desde el conocimiento se hallan óptimas conclusiones, nunca verdades absolutas, las cuales pueden contribuir a la convivencia intercultural.
-Compartamos trayectos, deseos, anhelos, posibilidades. Estamos en un viaje común, y, en conjunto, debemos afrontar nuestras vidas y nuestras experiencias con una vocación de servicio, en todo caso solidaria. Somos a nivel sentimental más parecidos, más iguales, de lo que parece.
-No nos cansaremos de repetir el concepto: evitemos la discriminación. Éste es el axioma, la base, para una cordial cohabitación de las diversas posibilidades, opciones y culturas.
-El respeto y la dignidad son interpretaciones de ida y de vuelta. Si los damos, si los ofrecemos, si los compartimos, también nos pueden rebotar. Los disfrutamos inequívocamente si los otorgamos previamente.
-En la convivencia con otras culturas, con otras etnias, con otras formas de ver la vida, nunca debemos potenciar los cánones que nos puedan llevar al enfrentamiento. Digamos sí a la aventura de dividir y de racionalizar los conocimientos y los recursos, y gritemos no a la absorción. De la negación no surge nada bueno. Para entender a los otros hay que mirarlos a la cara, advirtiendo lo que llevan dentro. Así siempre nos comprenderemos mejor.
-Las sociedades, todas, mejoran con los intercambios. Lo endogámico no es bueno ni a nivel biológico ni societario. De la mezcla surge la hermosura del aprendizaje, mayor, más solidario, más enriquecedor, y del cuerpo, más fornido, más suelto, más duro, más bonito igualmente.
-La cultura y la educación son aspectos básicos de cualquier sociedad. Debemos sacarlas de dentro. Mostremos lo que pensamos, lo que hemos aprendido, lo que hemos soñado, e intentemos conocer lo que portan los demás. Seguramente en el punto intermedio estará la razón, el criterio.
-Apostemos sin miedo, sin temor, con fuerza. La vida es un poco de riesgo. Si no salimos de las inercias, es muy complicado que descubramos lo que nos ofrece el mundo, que no tiene tantas puertas o ventanas como pensamos. Tratemos de conocer al otro.
-En el conocimiento mutuo está el cimiento de la verdad de las gentes de bien, que son mayoría. Esencialmente no somos tan diferentes, aunque vaguemos de aquí para allá de manera dispersa.
-Aboguemos y apostemos por la integración, por la adaptación, y no por la imposición, y mucho menos por la desaparición de las ideas y de las posturas que nos brindan las personas que nos vienen de otras naciones, de otros Estados. Tengamos la paciencia de comprendernos, de no desperdiciar lo que nos pueden ofertar.
-Exprimamos los deseos de conocernos. Los recursos para ello han de ser ingentes, sin que reparemos en gastos, entendidos éstos en un doble o triple sentido. Por supuesto, hay que incidir en los más pequeños, que son el alma de la sociedad, que son el futuro, que son los que pueden aprender a convivir en paz. Por otro lado, incrementemos las actitudes de tolerancia con los adultos, para lo cual debemos ejecutar, igualmente, las inversiones precisas.
III.-El tratamiento de los medios respecto de los eventos y actividades que tienen que ver con la inmigración
En los medios de comunicación, por obvias razones, porque somos un reflejo de lo que pasa en la sociedad, por la emergencia de los hechos, por tratarse de una realidad palmaria y palpable, nos vemos abocados a tratar con suma frecuencia el fenómeno de la inmigración en España. A menudo lo hacemos con prisa, sin pausa, con un cierto frenesí y sin la debida meditación de cuanto hacemos. El consejo siempre ha de ser la mesura, el término medio, como repetían los antiguos griegos.
En Regiones como Murcia, con un diez por ciento de población extranjera, “manejamos” en las sociedades periodísticas diversos asuntos en los que ciudadanos y ciudadanas de otras naciones se ven involucrados. En muchas empresas, como RTVE, se han adoptado una serie de consejos, con el propósito inequívoco de contribuir a un verdadero servicio público y con el afán de ayudar a una complementación que reduzca la brecha existente entre “unos y otros”.
Podríamos ver muchos consejos. Nos fijamos en unos cuantos que ha difundido la propia Jefatura de Informativos en los Servicios Centrales de TVE:
-Hay que ser cuidadosos con los titulares de las noticias y, fundamentalmente, con términos con una connotación negativa como “invasión”, “masiva llegada”, cuando ciertamente nos referimos a la llegada de inmigrantes. Conviene también evitar términos como “avalancha” y “oleada”, cuando aludimos a la llegada o a la entrada de un número significativo de inmigrantes en pateras o cruzando la frontera. El universo informativo es tan complejo, con tantos intereses, con múltiples problemas, como sabemos, que no es aconsejable que seamos, incluso sin querer, correas de transmisión de ningún grupo con afanes escondidos. Pensemos bien las frases que utilizamos. La repercusión que tienen, o que pueden tener, es manifiesta.
-Debemos intentar no utilizar voces como “ilegal” o “clandestino” cuando planteamos la inmigración irregular. Algunos expertos consideran que no se debe incorporar como rutina el uso de términos o expresiones como ilegal, indocumentado o sin papeles cuando hablemos de personas en una situación administrativa no regularizada. En general, el término irregular parece el más adecuado, aunque, personalmente, no me gusta mucho. Es como si habláramos de personas anormales, con alguna “tara”. A menudo olvidamos que son personas como nosotros. Tampoco pensamos que sus necesidades, que sus penurias, son mayores.
-La intimidad y la privacidad son derechos universales y constitucionales que deben aplicarse con independencia del país de origen o de la condición de la persona que se ve involucrada en unos hechos. Por todos los medios, evitemos emitir planos cortos de heridos o de muertos. Apliquemos un poco la lógica y la coherencia. Hay casos en que las imágenes que se brindan solo aportan horror, situaciones truculentas, pero no información en estricto sentido.
-No hay que olvidar que no debe incluirse en una noticia o en un reportaje la alusión al grupo étnico, al color de la piel, al país de origen, a la religión o a la cultura, si no es absolutamente necesario para la comprensión global de la información. Quizá en este ámbito estamos muy mal acostumbrados, pero es cuestión de cambiar la tónica. La tendencia hasta ahora ha sido la de calificar a las gentes por su pertenencia a grupos, casi siempre con una voluntad peyorativa. Es momento ya de mudar tal espíritu.
-No se debe identificar a una minoría étnica o a un colectivo de inmigrantes con una determinada actividad ilegal (tratemos con cautela noticias sobre delincuencia próximas a las relacionadas con la inmigración). La tentación es grande: intentemos no caer en ella. De lo contrario, siempre habrá un motivo para errar. Los medios son tan “reduccionistas” que acotan la realidad con pocos términos, utilizando tópicos que describen medias verdades, que son las peores mentiras.
-No nos sumemos a la tendencia de mezclar inmigración económica con refugiados pendientes de asilo político. Cada momento tiene sus condicionantes dentro y fuera del país, y hemos de aplicar un análisis oportuno en todo caso. Cada situación es diferente, y así debemos afrontarla en todos los planos, también en el profesional.
-No aplaudamos ni sirvamos de “apoyo” de aquellas informaciones que se valen del tópico agresivo que asocia bolsas de marginalidad con inmigración y con vidas miserables en varios aspectos. La pobreza es una situación, a veces una causa de muchas dificultades hasta en la esfera de la salud, pero nunca es indigna, y mucho menos para quien la padece. Si acaso lo será para quien la genera o la consiente.
En el día a día de lo que se trata no es de ser “políticamente correctos” sino que, entre todos, contribuyamos a un mayor entendimiento del fenómeno de la inmigración, que está en un crecimiento constante e irreversible y que, sin lugar a dudas, contribuye al crecimiento de nuestro país y de tantos otros. Con la inmigración, como en todo, como en muchas facetas de la existencia humana, hay que olvidarse de los “estereotipos”. Los clichés solo nos distancian de la verdadera realidad, de lo individual, de lo genuino. Las generalizaciones, precisamente por serlo, son odiosas.
Podemos hallar más consejos en el documento titulado “Recomendaciones del Consejo de lo Audiovisual de Cataluña sobre el tratamiento informativo de la inmigración” en la siguiente dirección:
http://www.audiovisualcat.net/investigacion/inmigración.pdf
Sugerimos su lectura por cuanto hallaremos en él referencias cercanas al universo que nos ocupa y opiniones señeras y convenientes para la mejora de nuestro trabajo y de nuestra perspectiva.
Sin duda, es éste un “frente” con muchos “flecos”, con muchas variables, con muchas posibilidades. Por ello, la idea final de este escrito es que veamos el mundo y sus circunstancias con una mente sin puertas que nos invite al conocimiento del prójimo, del otro, del que no es como nosotros. Ayudemos, por favor, un poquito entre todos. La grandeza de los corazones es infinita. Podemos. Debemos.
IV.-Divisas y consejos en la confección de informaciones y espacios divulgativos
Avisar o aconsejar son dos términos demasiado fuertes como para que los esgrimamos con ligereza. Cuando los utilizamos es como si nos consideráramos por encima del bien y del mal. No es ésa, ni mucho menos, nuestra pretensión. No obstante, sí debemos impulsar un ideario de actuación en nuestras vidas cotidianas y en nuestros quehaceres diarios. Poco a poco podemos mejorar nuestra labor.
Veamos algunos consejos, aún a riesgo de ser reiterativos respecto a lo señalado en el apartados anterior, unos consejos que podemos extraer de las rutinas a los que nos enfrentamos, y, como quiera que son los inmigrantes colectivos importantes y las informaciones de éstos se constituyen como fundamentales para la prensa, la radio y la televisión, amén de otros medios como Internet, las resumimos de una manera muy breve y esbozada para que cada cual obtenga las conclusiones que considere menester.
Los consejos, de un fuerte calado personal, bien podrían ser, entre otros, los que a continuación exponemos:
-Debemos pensar que se trata de personas con derechos y con obligaciones, y que son como nosotros, ni más ni menos.
-Utilicemos mecanismos correctivos a nivel informativo. Intentemos que no haya más noticias negativas que positivas, y, en todo caso, que primen estas últimas, con el fin de no dar una visión alarmista ante toda la sociedad.
-Hay que contribuir ante los casos de necesidad para que se solucionen sus problemas.
-Demos a conocer sus culturas y, asimismo, procuremos que conozcan las nuestras.
-Defendamos siempre a las minorías, como nos indica la Constitución española, desde la idea de las bondades del mestizaje y procurando que no desaparezcan los elementos más autóctonos.
-Cuidemos, especialmente, estas informaciones por la sensibilidad que les acompaña.
-Conviene reflejar las dificultades y tomar partido, cuando sea preciso, por este colectivo. A veces, recordemos que ser imparcial equivale a no ayudar ante injusticias.
-Procuremos contrastar las fuentes de manera especial y no acudir a aspectos morbosos o sensacionalistas.
-Cuando sea preciso, actuemos como servicio público. Por ejemplo, ante la desaparición de alguien o en casos de enfermedad o de petición de ayuda de cualquier tipo debemos volcarnos totalmente. Es, la nuestra, una ayuda inestimable.
-Las informaciones deben ser didácticas, pensando que pueden contribuir a un mejor conocimiento de su realidad como emigrantes y de sus derechos y posibilidades. No obstante, no hay que excusar aquellas situaciones en que ellos no actúen convenientemente, pero en esos supuestos no pongamos como un añadido o agravante de tal coyuntura su condición de emigrantes.
-Meditemos en todo instante qué nos gustaría que dijeran de nosotros si estuviéramos en otro país.
V.-La función de los medios de comunicación en la configuración de una realidad intercultural
Siempre se ha dicho que la educación es el factor de desarrollo de los pueblos en libertad, y así es. No cabe duda de ello. Donde nos asaltan más dudas es en el cómo, en el papel que debemos desempeñar entre todos para que los conceptos de educación y de cultura lleguen a todas partes en régimen, al menos, de igualdad de oportunidades.
Un factor para que esa igualdad sea real nos viene de la mano de los propios medios de comunicación social, que pueden desempeñar un papel bueno o malo en función del uso o del abuso que mantengamos desde los diversos ámbitos y/o instituciones. El fenómeno de los “media” es tan amplio que, aunque evidentemente no es nada nuevo, sigue teniendo una plena vigencia en muchas esferas, sobre todo en la incumplida de contribuir a una formación integrada de las diversas capas sociales desde la óptica de la información plural y del entretenimiento de altos vuelos.
Reiteremos, sin temor a los tópicos, que la función de los “mass-media” es la de formar, precedida ésta de las implicaciones informativas y culturales que les confiere la propia normativa general y específica. Esto lo debemos tener presente todos los profesionales de la comunicación. Con esta visión, defendemos un ideario que tiene, igualmente, unos propósitos casi idealizados de búsqueda de ciertas reflexiones sobre las garantías o disfunciones que se pueden producir en el periodismo diario en sentido amplio.
No es sencillo que la teoría se haga realidad, entre otras cosas porque esa realidad la hacemos las personas. Así, debemos diseñar, en el caso de la educación intercultural, un encuentro fortalecido de dos fenómenos, la comunicación y la educación, una mezcla de lo más variopinta y que ha de tener, entre otros, los siguientes fines:
-Analicemos reiteradamente la función pública de los medios de comunicación para con los inmigrantes y actuemos teniendo en cuenta su aportación al desarrollo social, siempre en defensa de las minorías y de nuestro papel cultural y educativo.
-Reconozcamos los objetivos que cumplen los medios de comunicación en el conocimiento y en la valoración de los eventos cotidianos y de la actualidad regional, nacional e internacional. En cuanto a las informaciones relativas a colectivos marginados o minoritarios, su determinación y su arrojo para con ellos han de ser mayores.
-Mostremos diferentes propuestas de formación, de colaboración y de solidaridad, bajo la premisa de una óptima información sobre el fenómeno de la inmigración y acerca de lo que éste supone en el quehacer de la comunicación masiva en los diferentes soportes: prensa, radio, televisión e Internet.
-Aunemos los esfuerzos procedentes de las diferentes disciplinas para converger en los intereses comunes de los procesos educativos y comunicativos desde la óptica de la integración cultural.
Para ello contamos -es cierto- con profesionales de reconocido prestigio en el ámbito de los medios y de la cultura, que, día a día, pese a los inconvenientes que hemos señalado más arriba, tratan de unir las bondades y las posibilidades del proceso de la comunicación y del fenómeno mediático, y en todo instante con la idea de llegar a buen puerto, de conseguir la integración y la adaptación de intereses y de intenciones. El camino no es fácil, pero, como seguramente se verá desde esta aún incipiente experiencia, está cargado de ilusiones por aprender y por compartir, dos hilos que se juntan -o han de hacerlo- inevitablemente cuando hablamos de medios de comunicación y de educación. La tarea es de todos, y aquí no valen exclusiones, ni siquiera las propias.
VI.-BIBLIOGRAFÍA BÁSICA DE INTERÉS
Son muchas las obras, artículos, informes o consideraciones que se han hecho y que se harán en torno a los inmigrantes y al fenómeno de la inmigración, tanto desde su visión más general como en base a planteamientos más específicos, con independencia incluso de las diversas nacionalidades. No obstante, y con ánimo de propiciar alguna referencia, enumeramos algunas publicaciones que podrían ser de interés. Unas han sido consultadas en la realización de este informe. Otras son de relevancia básica. Todas, en definitiva, dan una contemplación más que precisa ante un fenómeno tan variopinto como expansivo. Sin perjuicio de otras, algunas de esas publicaciones bien podrían ser las que reseñamos a continuación:
OBRAS:
ABELLÁN GARCÍA, Antonio (Ed.). Una España que envejece, Palos de la Frontera, Universidad Hispanoamericana Santa María de la Rábida, 1992. 257 p. Recensión en Estudios Geográficos, LIV, 213, 1993, p. 760-762. ABELLÁN GARCÍA, Antonio. La decisión de emigrar en las personas de edad. Estudios Geográficos, Madrid, LIV, nº 210, enero-marzo 1993, p. 5-18. AGUILERA ARILLA, J., GONZÁLEZ YANCI, P. P. y RODRÍGUEZ, V. Actitudes de la población española ante los inmigrantes extranjeros. Estudios Geográficos, Madrid, LIV, nº 210, enero-marzo 1993, p. 145-154. ÁVILA TAPIES, Rosalía. Nueva perspectiva de las migraciones interiores españolas. Anales de Geografía de la Universidad Complutense, Madrid, nº 13, 1993, p. 111-126. ARAGÓN BOMBÍN, Raimundo. Políticas migratorias actuales en España. Polígonos. Revista de Geografía, León, 3, 1993, p. 105-134.
BAÑÓN HERNÁNDEZ, M. A. Discurso e inmigración. Propuesta para el análisis de un debate social. F. G. Graf, Murcia, 2002.CONILL, J & GONZÁLVEZ, V. (coord.). Ética de los medios. Una apuesta por la ciudadanía audiovisual. Ed. Gedisa, Barcelona, 2004.CORTINA, A. Ciudadanos del mundo. Alianza, Madrid, 1997.
GOZÁLVEZ PÉREZ, Vicente. El reciente incremento de la población extranjera en España y su incidencia laboral. Investigaciones Geográficas, Alicante, 8, 1990, p. 7-36. GOZÁLVEZ PÉREZ, Vicente. Notas sobre el estado actual de la investigación en geografía de la población. Cuadernos de Geografía, Valencia, 50, 1991, p. 215-225. GOZÁLVEZ PÉREZ, Vicente. Inmigraciones recientes de extranjeros en España. In III Jornadas de la Población Española. Ponencias y Relatorías, Málaga: A.E.G./Departamento de Geografía de la Universidad de Málaga, 1992, p. 9-38. GOZÁLVEZ PÉREZ, Vicente. La inmigración magrebí en Europa. El caso de España. Polígonos. Revista de Geografía, León, 3, 1993, p. 59-88. GOZALVEZ PÉREZ, V. Inmigrantes marroquíes y senegaleses en Alicante y Castellón, Alicante: Universidad de Alicante, 1993, 181 p. GOZÁLVEZ PÉREZ, Vicente. Descolonización y migraciones desde el África española (1956-1975). Investigaciones Geográficas, Alicante, 12, 1994, p. 45-84. GOZÁLVEZ PÉREZ, Vicente. La inmigración africana hacia España: el acceso a través de la frontera sur. Investigaciones Geográficas, Alicante, 15, 1996, p. 5-18.
LAMO DE ESPINOSA, E. (Ed.). Culturas. Estados, ciudadanos: Una aproximación al multiculturalismo en Europa. Alianza, Madrid, 1995.
MALGESINI, Graciela. Guía de conceptos sobre migraciones, racismo e interculturalidad. Graciela Malgesini y Carlos Giménez. Madrid. La Cueva del Oso, 1997, 319 p.
RODRIGO ALSINA, Miquel. Comunicación intercultural. Editorial Antropós, Barcelona, 1999.
VALLÉS MARTÍNEZ, Miguel S. Inmigración, racismo y opinión pública en España, Miguel S. Valles Martínez, Mª Ángeles Cea d’Ancona y Antonio Izquierdo Escribano. 1997, 258p.
VAN DIJK, TEUN A. Racismo y análisis crítico de los medios, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1997.ARTÍCULOS:
AREA MOREIRA, M. & ORTIZ CRUZ, T. (2000): “Medios de comunicación, interculturalismo y educación”, en Revista Comunicar, Nº 15. Grupo Comunicar, Andalucía, pp. 114-122.
RETIS, Jessica; BENAVIDES, José Luis (2005): “Miradas hacia Latinoamérica: la representación discursiva de los inmigrantes latinoamericanos en la prensa española y estadounidense”. IN: Revista Palabra Clave, (2), pp. 93-114.
TEZANOS, J.F. y TEZANOS, S. (2003): “Inmigración y exclusión social”. Papeles de economía española, Nº 98, pp. 225-238.
TORREGROSA CARMONA, J. F. (2005): “El tratamiento informativo de la inmigración como paradigma de alteridad”, en Revista Pueblos, Nº 18, pp. 18-20.
UGARTE, J. L. (2004): “España, país de inmigración. Preguntas con pocas respuestas”. Revista Economía exterior, Nº 28, pp. 15-17.
VÁZQUEZ, O. (1999): “Negro sobre blanco: Inmigrantes, estereotipos y medios de comunicación”, en Revista Comunicar, Nº 12. Grupo Comunicar, Andalucía, pp. 55-60.*Y sugerimos también la Página Web: www.aulaintercultural.org
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