lunes, 7 de julio de 2008

Calma al despertar

No salgas de la madriguera, no todavía, querido mío, que ahí voy yo. Todas las dudas, amor de la Luna, en estos albores que te aconsejo, se van a diluir nada más entrar en tu mundo. Nos aguardan sorpresas y alegrías y secretos desvelados, porque eres el Sol y todos los astros gratamente juntos. No te me pongas triste, cariño sonrosado, y mira tus muñecos que se aprestan al viaje. No irás solo, dulce miel de mis venas, que yo estaré a tu lado para aprender y para divertirme. Me encantan tus "valentías", tus miradas traviesas y curiosas, y, en definitiva, todo lo que eres. No te dejes vencer por el cansancio y aprende del día que se avecina ya. Despierta poco a poco, sin prisa, pero no te pares en una pausa que solo entretiene. Vamos a aprender mucho hoy, como ayer, como mañana: todo es una aventura con nombres y con conceptos sabrosos. Sal de la felicidad de tus musas y entra en la dicha de los rayos de un Sol que te acuna con los primeros brillos de una jornada que se ha inventado para ti. Estamos entrelazados como las lianas de la selva, como el aire con nuestras narices, que se mueven en busca de satisfacer mil intuiciones. Nos queremos y por eso iremos combinados en este nuevo amanecer lleno de espejos multiplicadores de esas almas bondadosas como la tuya. Rescátame en esta vuelta al universo de los entendimientos, que nos miman con hierbas sazonadas de posibilidades. No dejes la cueva de niño, y, ahora al despertar, invítame a tu aprendizaje, que me devolverá a las “líneas” más deliciosas. Ten calma, amigo mío, y no permitas que nada pase de largo. Ten, por favor, un despertar tranquilo.

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