lunes, 7 de julio de 2008

A comer, amor

Soy yo, niño mío, y eres tú, y, juntos, somos dos, más que un valor contable. Nos encerramos, avellanita, en unas vidas que se expanden con la mezcla de un carburante que se llama amor, el nuestro. Te solicito, y me reclamas, platanito, y los dos nos damos todo en el primer asalto y sin demoras. Te abrazo para que no te caigas, fresa mía, y el que no se cae soy yo. El bienestar viene y va, manzana dulce, y en el paseo te ríes tú, que me proporcionas paz. Nos vemos en la misma foto, mandarina, porque somos dos, porque estamos uno, porque nada se acaba. Flotamos en un aire limpio, cereza fina, que ha generado nuestro amor celestial en la tierra. Te tengo y te doy, caramelo de melocotón, y todo lo mío es posesión de tu botín. Vamos en un barco de vela, membrillo sabrosón, que navega más rápido que con motor. Los sabores se vuelven más profundos, más nuestros, más complacientes. Te canto mientras comes en este mediodía irrepetible. Ahora tomaremos un postre azucarado y esa leche que es blanca como tu piel. Tus labios son ese almíbar que vamos a probar, mi ruiseñor.

No hay comentarios: