lunes, 7 de julio de 2008

Siempre en la mejor estación

Cantas en verano, y te canto en invierno. Aprendes en primavera, y enseñas en otoño. Pretendes en Febrero, y te consigo en Marzo. Volvemos a Enero, porque para los dos es el primero. Seguimos en Abril, que te observa tan gentil. Son los meses de Mayo, de Junio y de Julio aquellos de la observación en el plenilunio. Nadamos en Agosto y en Septiembre, y nos preparamos para el de Octubre, que es tu mes, el mío, el de una relación que rueda. Repasamos la lección en Noviembre y en Diciembre para iniciarnos en una historia de pensamientos fugaces, de atardeceres rojos, de albas incansables, de preferencias sin opciones, de placeres sensacionales. Te canto en verano, y haré que siempre lo sea, porque lo mereces, porque me provocas, porque me consigues, porque somos… Has derruido los muros que me había colocado y ahora estamos en un campo sin puertas que nos permitirá la felicidad a la que tenemos derecho. Te beso en la mejilla, y me lleno de oxígeno. Contemplo tus comportamientos, y me siento en el mejor momento, en la mejor etapa, en la mejor estación del año. Lo es.

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