lunes, 7 de julio de 2008

¡Manos a la obra!

Sube al tejado de la gloria, y goza como las flores en primavera. Intenta que todo tenga un sentido sencillo, y juega con las mariposas. Ríe, eleva el “tono” de tu voz para decir al mundo que la felicidad existe en los conceptos menos complicados, en el vecino, en el hogar, en la habitación, en la naturaleza de las cosas, en la esquina, en el cine, en el bosque animado o no, en el río de nuestra Huerta, entre los chopos y los olivos, en el umbral de cualquier puerta, en el monte de la infancia, en la mirada del necesitado cuando le ayudamos a no estar solo… Consulta a los buenos hados, que intentan todos los días hacerse oír, pero que no les dejamos llegar con facilidad a nuestros corazones. Aprieta las tuercas de las ruedas de ese carro donde podemos cargar todos los víveres que precisamos, y que siempre debemos compartir con los compañeros de viaje, que son todos los demás. No hagamos excepciones o seremos injustos: las valoraciones son malas “consejeras”. Contempla desde lo más alto la elevación de los buenos actos, que no consisten en contar monedas sino en diluirlas ante la necesidad para que todo paño sirva para enjugar heridas. Pidamos perdón por lo que hacemos egoístamente, y acompañemos la palabra con unos buenos gestos. En ello encontraremos al otro, y en el otro estarás tú, y yo, y todos los demás. Goza entre paisanajes que nos aprovisionarán de pensamientos e ideas, de caricias y posibilidades de encontrar la paz en cualquier escaparate que nos haga detenernos. Pidamos para los próximos y se nos acercará la mayor de las riquezas aderezada por el conocimiento humano. Emprendamos el camino sin mirar hacia atrás. El presente y el futuro están por dibujar. Tenemos la habitación llena de acuarelas y de pinceles. Pongamos manos a la obra.

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