lunes, 7 de julio de 2008

En la despedida, en el reencuentro

Tengo una amiga que es como la “Luz”, como la “Gran Luz”: me ilumina cada vez que puede, y me llena de orgullo y de conocimiento con las permanentes aportaciones que me brinda. Ahora me ha hecho llegar un escrito que está embarazado de cariño, de recuerdos, de impotencia, de frescura, de dolor, de paciencia, de entrega y de muchas cosas más que no acierto a definir. Aquí lo reproduzco, esperando que os sirva, que nos sirva a todos: “Se que te vas a marchar. Será pronto, quizá tan pronto que no tengamos tiempo de una despedida (aunque aúno esfuerzos por rehuir de ella), y me cuesta. No obstante, dejarás tras de ti una estela de brillo y de color que cubrirá por siempre la senda que has recorrido, y que ahora regalarás a todos los que admiramos tu persona. Quiero adentrarme lentamente, pausadamente, escuchando el crujido de mis pasos, en el camino de tu vida, y mientras, en silencio, acariciarte, sintiendo el cosquilleo en las palmas de mis manos, las flores avivadas que plantaste en las orillas de esta vereda, y, con los ojos cerrados, dibujar con mi dedo tu sonrisa en mi sonrisa mientras sigo caminando. También persigo respirar el aroma de esos veintisiete años que has aprovechado para irradiar magia, alegría y buen hacer. Quiero sentirme dichosa de poder ser herencia de un trocito de ese camino que has hermanado siempre con el mío, y cuyos destinos compartimos en los últimos tiempos tantas y tantas veces, dirigiéndonos al lugar donde crecen y se hacen príncipes y princesas los niños que descubren la vida al lado de personas como tú. Amor, velaré siempre por el brillo de tu estrella”.

Nota: Corazones (la una y la otra), cuidaos mucho. Os tengo muy presentes.

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