domingo, 20 de julio de 2008
Solo y acompañado
Te siento aquí a mi lado, aunque te has ido. Has decidido emprender una nueva vida, y no me importa ni con quién ni cómo. Pese a todo, te siento muy cerca. Has sido un sueño: te has colocado en el otro lado de la orilla. El estanque ya no es nuestro, no de los dos al mismo tiempo. No quiero ni pensar cómo supliremos las ausencias, las soledades, los males, las carencias, las astucias lanzadas al viento. No deseo ni tan siquiera intentarlo. Hemos cosechado la falta de tiempo para la pareja, que se ha visto eliminada por la sequedad de las rocas y la soledad del monte, que no produce esas hierbas aromáticas que nos gustaban tanto durante aquella estancia corta entre amores de verdad. Dijimos de tomar un respiro; y, en realidad, nos ahogaremos en adelante por la ausencia de cariño. Me ha faltado valentía. Sé que el precio que deberé pagar es alto, muy alto, demasiado alto. Te juro que nunca anhelé nada malo para ti: no te quise mal. Puede que no supiera expresártelo, pero no fue otra circunstancia o razón. Siempre digo que somos sencillos y complejos a la vez. Compañera del alma, te grito desde la atalaya de la soledad profunda que mi amor fue sincero y que ahora, aunque no hay solución, te siento a mi lado. Confío en que nuestras aureolas viajen en paralelo. ¡Suerte!
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