domingo, 20 de julio de 2008

Sin luz y engañados

El mundo se ha apagado, se ha ido a un polo opuesto, se ha extinguido. No nos vemos, no nos podemos ni ver. La niebla se ha extendido como una diosa inmisericorde y acabamos aplastados. El final parece cercano. Hablamos sin saber ante los sonidos que se repiten y que no cesan, suponemos, en su empeño por ablandarnos y por hacernos daño. No podemos más. Hemos sido demasiado lentos, y estamos sin cuartel en la postura más incómoda. Hay una bruma densa que nos ha vuelto ciegos. No miramos tampoco más allá. Nos da miedo el no ver, pero también nos aterroriza el descubrir lo que nos aguarda. Estamos tan perjudicados que nos sentimos adiestrados ante el paso detenido. Hemos sido guardianes de las sombras, y éstas ya lo dominan todo. No superaremos esas piedras que nos hemos auto-colocado. Saldremos mal parados de este episodio que consideramos surrealista. Las velas se han quedado sin mecha: tampoco el viento habría dejado que iluminaran la senda de nuestro destino. Andamos desanimados, sin alma, ahítos de tantas provocaciones. Hemos adivinado algunas cosas, pero no todas. No podemos más. Hemos abierto el sobre con el ganador-perdedor y estamos en primera fila: somos igualmente la reserva y no precisamente espiritual. Hemos agrietado el corazón, que no verá la Luna llena especial que nos podría llevar a un sitio protegido, guarnecido de toda preocupación. Hemos confiado demasiado sin pensar en lo que viene. Lo que se acerca no es loable, no es bueno, no es beneficioso. El mundo se ha quedado sin luz: el engaño ha prosperado.

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